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¿Qué gesta histórica se conmemora con las batallas de Pucará, Marcavalle y Concepción?

Conoce por qué tiene especial importancia para la sierra central del Perú.

Cada 9 de julio, la sierra central del país celebra una de las gestas históricas más importantes de su historia y la del Perú: la victoria en las batallas de Pucará, Marcavalle y Concepción. ¿De qué enfrentamiento bélico se trata y en qué parte del territorio nacional?, ¿En el marco de cuál guerra y quiénes protagonizaron este triunfo?

Según el Centro de Estudios Histórico Militares del Perú, las batallas de Pucará, Marcavalle y Concepción acontecieron entre el 5 y el 10 de febrero de 1882 en el departamento de Junín, como parte de la Guerra del Pacífico, enfrentando al Ejército del Centro, comandado por el general Andrés Avelino Cáceres, y parte del Ejército chileno que había invadido parte del territorio peruano tras vencer al Ejército del Sur y ocupado la ciudad de Lima en 1881.

Un comité patriótico creado en Lima antes de la ocupación chilena y presidido por el obispo Pedro José Tordoya, se preocupó por reunir pertrechos y vituallas de todo género para el Ejército del Centro.

En los primeros días de enero de 1882, ante la noticia de que una expedición del ejército invasor marcharía con el propósito de encontrar al Ejército del Centro, el general Cáceres y su estado mayor decidieron replegarse hacia Junín, estableciéndose en la provincia de Huancayo, mientras que una fuerza chilena llegaba a la provincia de Concepción.

Primera batalla de Pucará

El 5 de febrero, comprendiendo el general Andres Avelino Cáceres que el enfrentamiento sería inminente, tomó las medidas respectivas, desarrollándose el primer enfrentamiento en Pucará.

En esta contienda, la caballería enemiga comenzó el combate dejándole el paso a su infantería, que desplegada trató de cruzar un río apoyada por su artillería. Sin embargo, el batallón peruano “Zepita”, al mando del teniente coronel José Mariano Villegas, con un fuego bien sostenido de fusilería, impidió esta maniobra. Las tropas adversarias, al intentar el desbordamiento por la izquierda peruana, fueron frenadas por el escuadrón peruano Escolta, quienes combatieron de pie.

Luego de cinco horas de reñido enfrentamiento y dado el estado moral y físico del adversario, las tropas peruanas se retiraron hacia Huancayo. Según el parte de guerra peruano, las pérdidas en las filas peruanas alcanzaron a 21 fallecidos y 27 heridos, mientras que las de los chilenos pasaron de 200, lo que se explica por la facilidad que tuvieron los defensores para hacer fuego, parapetándose en posición dominante.

Después de este enfrentamiento, Cáceres ordenó el traslado de sus tropas hacia Ayacucho, sufriendo un grave contraste el 18 de febrero en la subida del pueblo de Julcamarca, en donde una furiosa tempestad sembró la muerte y confusión general en todas las filas, perdiéndose más de 400 soldados.

Restablecido el orden en Ayacucho, luego de un enfrentamiento contra un jefe que no quiso reconocer su autoridad, Cáceres comenzó nuevamente con la reorganización del ejército, decidiendo lanzar una contraofensiva contra los enemigos establecidos en el valle del Mantaro.

El jefe peruano ordenó a las guerrillas que operaban en la región unirse al ejército regular para atacar por tres frentes. Un contingente, a órdenes del coronel Juan Gastó, debía avanzar por la margen derecha del río Mantaro y caer sobre las tropas chilenas en Concepción.

Otro destacamento, al mando del coronel Máximo Tafur, debía marchar por la margen izquierda de ese río y ocupar La Oroya, cuyo puente debía cortarse; y por último, el grueso del ejército atacaría directamente por Marcavalle y Pucará.

Batalla de Marcavallé y segundo enfrentamiento en Pucará

El 9 de julio al romper el alba, las fuerzas patriotas atacaron. Una compañía del batallón Tarapacá entró en contacto con la avanzada del ejército chileno. Instantes después la artillería peruana cañoneó las posiciones invasoras ubicadas en Marcavalle, siendo luego acometidas de frente por el batallón Tarapacá. Tras un encarnizado combate, el enemigo, viéndose doblemente flanqueado, interrumpió la refriega y emprendió precipitada fuga. Perseguidos hasta Pucará, los invasores opusieron nueva resistencia. En esta circunstancia los guerrilleros de Gálvez y Cabrera atacaron por la retaguardia del ejército chileno, obligándolos a abandonar Pucará.

Desalojados de Pucará, las tropas invasoras escaparon a Sapallanga. Sus pérdidas en Marcavalle y Pucará fueron de consideración, superando los 200 soldados entre muertos y heridos.

Batalla de Concepción

Ese mismo día fue atacada la provincia de Concepción, en donde el mando enemigo ordenó realizar la defensa perimétrica de la plaza de Armas, colocando en cada esquina un contingente armado.

Las fuerzas patriotas fueron rechazadas en principio por las cerradas descargas del invasor, por lo que se ordenó dar mayor impulso al ataque peruano. Un combatiente peruano comentó: “Nos batimos casi cuerpo a cuerpo y en tal situación los chilenos no podían resistir. La ventaja que ellos tenían era solamente a distancia, a tiro de fusil, no por su arrojo ni valentía, sino por la superioridad de sus armas. Por eso, cuando en la plaza principal procuramos arrollarlos a los hombres de la avanzada, que pasaban de 80 efectivos, se vieron obligados a refugiarse en la Iglesia”.

El ataque peruano se hizo más intenso desde las casas vecinas y con el concurso de las comunidades campesinas de Apata, Orcotuna, Mito y anexos vecinos. Ante esto, el enemigo izó bandera blanca pidiendo un alto al fuego, pero cuando se acercaron los soldados peruanos, estos fueron recibidos por disparos que les provocaron numerosas bajas.

El combate prosiguió y cuando los relojes marcaban las ocho de la noche, el coronel Juan Gastó ordenó la retirada, quedando en la refriega el comandante de guerrillas Ambrosio Salazar con sus hombres, quienes sostuvieron el asedio durante toda la noche. Poco antes del amanecer del 10 de julio, los guerrilleros, testigos y víctimas de los crueles atropellos, saqueos, violaciones e incendios de los chilenos, emprendieron un furioso asalto, del cual no se salvó ni uno solo de los 76 hombres que componían el destacamento enemigo.

Lamentablemente, el coronel Máximo Tafur no llegó a cumplir la misión encomendada de cortar el puente de La Oroya, quedando libre para la huida de los enemigos. Sin embargo, se consiguió expulsarlos de la región Junín, en donde habían cometido una serie de abusos. La atropellada retirada de la división chilena tuvo todas las características de una desastrosa fuga. Perdió mucha gente y dejó abandonados por doquier rifles, municiones y equipos que fueron tomados por los soldados peruanos para reforzar sus provisiones militares.

¿Por qué es importante la victoria en estas batallas?

Gracias a estas victorias, el Ejército del Centro comandado por el general Andrés Avelino Cáceres logró la expulsión del ejército chileno invasor del departamento de Junín y de gran parte de la sierra central, consolidando su éxito en esta fase de la llamada Campaña de la Breña, que ofreció patriótica resistencia a la invasión de parte del territorio nacional en la Guerra del Pacífico.

La conmemoración de la victoria en las Batallas de Pucará, Marcavalle y Concepción es muy importante para el Perú y en especial para el departamento de Junín porque evidenció el valor y sacrificio de los soldados peruanos, de la población de Junín, heredera de los aguerridos Wankas, y de muchos otros lugares de la sierra peruana y del país que se enlistaron en las tropas de la resistencia lideradas por el general Cáceres para defender con su vida la integridad territorial y el honor de nuestro país.

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